El dia que la Bella y la Bestia hicieron el amor

domingo, 3 de agosto de 2008

 

Desde que la Bella conoció a la Bestia, no pudo olvidar sus ojos, sus ojos clavados en medio de sus senos, como dagas, insistentes, fijos en sus protuberancias. La Bella -quien no se considera a sí misma bella- se quedó con esa impresión.. y ese abrazo de la primera vez que se vieron, cuando en aquella fria ciudad sus fuertes brazos le dieron algo de calor.

Pasó el tiempo, un ir y venir de miradas, palabras, indirectas, roces indiscretos "como quien no quiere la cosa". Ella se encendía, pero se quedaba en silencio. En cierto modo, la Bella temía a la Bestia. Quiso evitar la tentación. Hasta el día que la Bella aceptó ir a la madriguera de la Bestia.


Tal como ella lo esperaba, la Bestia fue un desborde de pasión. Sus ojos brillaban como los de una fiera. Y la Bella se convirtió en una fiera también. El absorbió de ella todos sus jugos, la llevó a conocer un mundo multiorgásmico donde se pierde la cuenta. Sus magras caderas latían, vibraban. Toda su piel se erizaba al contacto de aquella fiera. La Bestia ahogaba los gritos de su Bella dama con besos que paradójicamente eran suaves, delicados, tiernos.

La Bestia fue todo un caballero con su Bella transmutada en fiera. Se concentró en darle placer, llenarla de gozo, escudriñar cada rincón de sus humedas cavernas. Hasta hacerla explosionar. La Bella le devolvió el favor tomando con sus manos el enrojecido miembro de la Bestia, y golosamente lo devoró todo, haciendo duplicar de tamaño aquella verga dentro de la boca de la Bella. Y no dejar de succionar hasta que la Bestia eyaculara en su cara.