Desahogo para un momento de desesperante depresión

martes, 19 de agosto de 2008

 

La curiosidad siempre los lleva a buscarme. ¿Cómo será la Pitonizza? ¿Será fea o bonita? Con un par de cervezas, resbala... está guapetona, copulable... Si tira como escribe, es perfecta para mis propósitos:

calmarme lo alunado,
bajarme la erección,
que me haga lo que la buena no hace,
la oficial,
la esposa,
la madre de mis hijos...
mi amor platónico,
la inalcanzable,
Britney Spears,

Pitonizza, mi fantasía hecha realidad. Pasa más fotos, quiero ver tus piernas. Mmm... sí, buenos muslos. Pon ahora otra en la que se te vean los pezones. Wow, muy bien, qué rica eres. Pasa más fotos. Como si Pitonizza fuera un objeto sin sentimientos. Pero Pitonizza piensa, siente, es capaz de amar. Pero a ninguno de los perros que babean, aullan, esperan ver más allá de las letras. Pitonizza no tiene corazón hace mucho, mucho tiempo. Y no ama ni amará a ninguno de esos perros que solo imaginan sus genitales.

Lo que le aconsejo a Pitonizza, a la mujer que veo todos los días cuando me lavo los dientes, es "el cachito que te queda de corazón, acorázalo". Úsalos, gózalos y deséchalos. No les des más de una oportunidad. Dos, si estuvo decente el desempeño. Pero no más.

Me haría lesbiana. Pero no me gustan las mujeres ni aunque me lo propusiera.