Chat caliente

domingo, 20 de julio de 2008

 

El: Tengo ganas de morbosearte.
Ella (encendiendose en el acto): Deja terminar de hacer unas cosas y te aviso.

Torpe, empezó a cerrar ventanas, olvidó las descargas que estaba haciendo, el trabajo que tenía pendiente a altas horas de la noche. Su cyber amante había hecho "click" en su zona erógena virtual, debía dar rienda suelta a las sucias ideas que empezaron a agolparse en su cabeza.


Ella: Ya. ¿Estas?
El: Sí... cómo estás vestida.
Ella: Estoy envuelta en una toalla.

Aún ella no tenía una maldita webcam que pudiera enviar imágenes libidinosas a su cyber amante. Así que solo atinó a enviarle un video cochino.

Ella: ¿Cómo me veo?
El: Muy bien. Te ves rica.
Ella (perturbada y muy excitada): dime más...


Sus dedos ya no podían escribir más. Las palabras que aparecían en la ventana del chat hervían, estaba tan lubricada y jugosa, que en vez de escribir, empezó a juguetear consigo misma. De cuando en cuando solo atinaba a responder con un "mmm". Él sabía lo que ella estaría haciendo, lo imaginaba aunque no la estuviera viendo. Imaginaba sus dedos traviesos abriendose paso entre el diminuto triángulo que constituía la tanga que la cubría. Sabía que ella estaría imitando con sus propias manos lo que él quisiera hacer con su caliente cuerpo. Las imagenes de ella contorsionada frente a la pantalla de la computadora, excitada y sola lo pusieron duro como el acero.

El sexo virtual nunca es lo mismo. La cercanía del otro, la respiración, el olor, sensaciones imposibles de reproducir en un chat. Debía escuchar sus gemidos. Debía al menos sentir de alguna manera el placer que ella se proporcionaba al leer sus palabras. La llama y escucha sus jadeos ahogados aquella madrugada calurosa. Aquello fue detonante para que hiciera explosión, y debiera limpiar su pantalla del líquido que ahora la cubría y que delataba que no estaba trabajando en aquella tesis importante...