Por detrás

viernes, 2 de mayo de 2008

 

El temor a ser penetrada "antinatura" es paralizante, la convierte en una niña inexperta y miedosa, que es capaz de llorar por evitarlo. Mas él comprendió que el terror femenino obedece al dolor inicial, que pasado ese trance todo es placer y desenfreno.

Así planteadas las cosas, ella intentó relajarse. Armada con un buen lubricante, "suavizó" las cosas antes de la irrupción del macho que destilaba lujuria por su mirada. Ella, desafiante, se colocó de espaldas a él, como animal en celo, mientras cerraba los ojos, aferrándose fuertemente a la almohada. Entonces él posa sus manos en su delgada cintura mientras recorre con besos los huesecillos de la columna vertebral; ella, como gatita miedosa, temblaba ante tales caricias. Se estremecía, toda su piel se erizaba al sentir el leve contacto de su comprensivo amante. Sabiendo que en cualquier momento intentaría penetrarla, no aflojaba su almohada salvadora.


Entonces él intenta entrar. Coloca suave y delicadamente la punta de su pene en la entrada oscura, apretada y prohibida de su temerosa compañera. Un leve temblor la agitaba. Ella volteó a mirar a su compañero.

- Despacio....- suplicó, con una voz apagada que rogaba clemencia.

- Tranquila. No lo haremos si no lo deseas.

Sus palabras comprensivas fueron el combustible que le hacía falta a la indecisa mujer. Distendida, respiró, a tiempo que él presionó un poco más. Un poquito más. Avanzando muy despacio, con todo el tiempo del mundo.

Un suave gemido surgió de su garganta. Echó su vientre hacia abajo, mientras él se hundía en su estrecha y caliente caverna.

"¡No duele tanto como pensaba!"... pensó, al mismo tiempo qué él la sacó de sus pensamientos.

- Ya está dentro cariño, tranquila... ¿te gusta? ¿lo sientes?

Ella le respondió con un suave movimiento en sus caderas. Lo invitaba a quedarse, lo invitaba al ritmico vaivén del frenesí. Ya "lo peor" había pasado. Ya se había hecho camino dentro de su cuerpo. Él empezó entonces a bombear, a hacerla sentir, a graduarla de mujer.

- Sí... sí... mmmm... sigue...

Sus senos colgaban, él los abarcaba con sus manos. Sintiéndose dominada, sus jadeos inundaban toda la habitación, el placer del dolor mezclado con la delicia de aquella vibración dentro de si, se transformaban en gritos que expresaban su satisfacción.

- Así... sí... eso.. mmm...

Ella no podía parar de gimotear de gusto. Habiendo superado el trauma inicial, ahora solo quedaba el gozo obsceno de aquel sometimiento. De pronto, una palmada...

- ¡Oh!... ¡...sí!

El éxtasis parecía extenderse infinitamente. Al llegar a una altura inimaginable de placer, de pronto una explosión agita toda su pelvis. Un orgasmo megatómico la lleva a nombrar al mismo Dios, mientras él descarga todo su contenido seminal dentro del cuerpo de su antes timorata amiga.

- Estuvo muy bien. ¿Me das tu teléfono?