Seduciendo a un hombre vía MSN

domingo, 13 de abril de 2008

 

Puede resultar fácil insinuarse, mostrarse ante un hombre, abierta, dispuesta. Los hombres lo detectan. Pero, ¿cómo seducirlo si dicho ser se halla a miles de kilómetros...? Las armas como el olor de mujer que emana de mi cuello, el acariciar mi pelo como mostrandole como acariciaría sus piernas, esas conversaciones nerviosas en las que no se sabe qué decir, y solo se atina a morderse los labios... y mientras paso mi lengua por la punta de mis labios, en mi mirada dejo entrever que así lo haría con su miembro. Nada de eso tengo si estoy lejos, sin una webcam que me muestre y demuestre la subida que produce su presencia en mi líbido.

Mis coqueteos pueden ser muy sutiles. No soy de miradas descaradas, ni de indirectas vulgares. Pero, el mostrarme sin ropa interior mientras atravieso el salón, dejandoselo notar puede volverse mayor descaro. Y, si él se haya muy, muy lejos... ¿como me paseo mostrandole mi humedad? ¿como hago para que vea que estoy sin ropa interior?

La fantasía debe volar muy alto, trascender las distancias, imaginarnos experimentando, esos roces ahora imposibles, la piel incapaz de reproducirse virtualmente. Todas las texturas, hendiduras, sabores, todo aquello que implica sentir a la otra persona, forman parte del rito de seducción que se ve bastante mermado al no tenerlas a mano.

Quedan las palabras, las fotos digitales, una webcam, una conexión rápida, rogando a Dios que no se caiga el servidor, para poder seguir ese coqueteo privado, esa intimidad virtual que poco a poco acerca a quienes a pesar de estar lejos, muy lejos, intentan encontrarse, imaginarse, sentirse. Y que de pronto en un sueño crear una realidad onírica en la cual estamos frente a frente para de una vez por todas olvidarnos del resto y hacer el amor.