Una reconcilación esperada

jueves, 7 de febrero de 2008

 

Tras la tormenta, poco a poco ha vuelto la calma. Tengo la certeza de que volveré a asomarme en esos ojos que me han enamorado. Voy a reincidir en besarlo de palmo a palmo. Empezaré por besar sus ojos. Suavemente posaré mis labios en sus pestañas, despeinare sus cejas, me detendré en cada patita de gallo. Recorreré su frente. Mi nariz rosando su nariz. Voy a deleitarme con los pelos de su barba. Tomaré su rostro entre mis manos, dibujando su perfil con las yemas de mis dedos. Susurraré "te quieros" en los lóbulos de sus orejas. Juguetearé con los vellos de su pecho, donde acamparé derramando mi ternura. Asi, descendiendo fugazmente por su pancita treintona, brevemente para no causar muchas cosquillas. He llegado a mi destino... Le daré una larga sesión de amor, de arriba a abajo, golosa, hambrienta... Le daré mil besos de amor que no empalagan. Le daré mil veces mi amor. Hasta el paroxismo. Lo llevaré al climax prometido. Me perderé en prohibidas fronteras que solo nosotros conocemos. Me enredaré entre sus piernas, hasta que su piel hierva. Me acomodaré a su voluntad. Cada poro, cada rincón, cada espacio de su cuerpo de macho será marcado por la fiera sensual que vive en mí. Invadida por su potencia, respiración entrecortada, un solo ser rebosante de amor, explorándonos, acoplados. Aprisionada bajo su peso, sometida por su miembro... Asi, con la luna como testigo, reconciliaremos nuestros incidentes.

No volvamos a separarnos, mi caballero de metálica armadura...