A tu retorno

viernes, 29 de febrero de 2008

 

Recuerdo cuando encaramada sobre ti, me deleitaba saboreando tu hombría... deteniendo el tiempo, mi lengua te recorría de arriba a abajo, de palmo a palmo, tu potencia era un caramelo en mi boca... como disfrutaba verte gozar, lamerte, golosa, esconderme por ahi, con la devoción del amor, de arriba a abajo... Mientras acomodada sobre ti, mi néctar saciaba tu sed, todo mi sabor de mujer en tus labios... como gocé entonces, y cuanto lo extraño ahora. Te apoderabas de mí, me domesticabas, sorbiste todo de mí... hasta dejarme seca...

Y el sacrosanto momento en que me penetrabas, divino instante en que fuimos una carne, cuando tenías el poder sobre mi cuerpo, aquella danza de amor que me trasladó al Eden. Aferrado a mis caderas, yo nunca habría pensado en que te llegaría a perder. Mientras estabas dentro de mí, mil estrellas nacieron en el firmamento, haciendo explosión al unísono, el big bang del orgasmo simultáneo que alcanzamos. Y luego la paz, la alegría de ver tus verdes ojos, cristalinos reflejos de tu alma donde vi amor para mí... pensé era inagotable, por eso abusé de tu confianza. Pensé que la ternura con que te acogí en mi seno la última vez que hicimos el amor, había aliviado tus heridas... mas ya estabas lejos de mí... tu cuerpo estuvo ahí, pero te había perdido ya... no pude capturarte en mi vagina, te fuiste... y quizá para no volver. Debí aprisionarte, fundirte en mí, pero no pude... te fuiste muy lejos.

Mi nombre ahora te causa rechazo, no quieres hablar de mí, no quieres verme... jamás volverás a esconderte en mi interior, a mojar mi intimidad, no te volveré a acoger en mi vientre, mis dedos no volverán a perderse en la selva de tu pecho, nuestros fluídos no volveran a mezclarse, nuestros genitales no volveran a saludarse... Te fuiste para siempre, y aunque llore, no podré recuperar tu ingenuidad, tu confianza, tus piernas enredadas con las mias. Cierro los ojos y veo tu mirada... fuí tan estúpida al lastimarte, nunca mereciste aquello.

Sin embargo, tengo la fe y la convicción de que la energía no se destruye... no puedes haberme dejado de amar, quiza me desprecies, pero no puedo creer en tu justa indiferencia, en el frío que siento al no tener tus brazos rodeándome, en la paz que yo sentía al escuchar tu respiración acompasada cuando dormías a mi lado, verte levantarte, para volver a hacer el amor a las 4 de la mañana... No puedes haberme dejado de amar, porque un mar no se seca en un día. Algo debe quedar. Y lo voy a recuperar... para recobrar esas horas de pasión que precedían la felicidad de vernos a los ojos en silencio hasta quedarnos dormidos,
abrazados...

Volverás... y ese será un día glorioso... Piénsalo... ya pasé por el infierno de tu ausencia, el profundo abismo de haber perdido a (R--i/P--s).

Nunca volvería a herirte. Jamás volvería a arruinarlo... Aprendí la lección. Estoy trabajando en mis errores.

La impaciencia.
La impulsividad.
La posesividad.

Conozco mis enemigos, los estoy enfrentando... hasta dominarlos.

Y poder volverte albergar en mis profundidades. Gozar la dicha sublime de dormirme entre tus brazos. Cuando me perdones y volvamos a intentarlo...