Hombre por un día

martes, 12 de febrero de 2008

 

Tras un agitado sueño del que desperté más cansada, me levanto inquieta de la cama, algo muy extraño en mí, una sensación nueva, como de excitación, me turba... me dirijo al baño y descubro con horror que algo mutó en mí, en vez de mis pequeños y femeninos senos, tengo un pecho plano y velludo. Mis mejillas estan rasposas y ásperas, mis facciones se han endurecido, y... hablando de dureza, miro hacia donde solía estar mi delicado y suave monte de venus... ya no, una orgullosa verga se yergue, cual obelisco monumental. ¡Soy un hombre! ¿Qué pasó? ¿Y mis períodos? ¿La promesa de volver a albergar vida en mí? La idea de probar mi nueva herramienta desterró esas ideas femeninas... ¡se siente bien! Recordé las veces que, como mujer, complací oralmente a mi parejo de turno... e imité lo que mis otroras delicadas manos hacían con un pene en la mano.

Busqué algo de ropa que mi parejo dejó en mi closet lleno de ropa de mujer. Satisfecho salí. Qué raro, expresarme sobre mí en "masculino". Debía salir. ¡No vaya a llegar mi parejo y vea a un hombre salir de casa de Pitonizza usando su ropa!

En la calle, me sentí irresistiblemente atraído por las féminas. No podía disimular... ellas me miraban recelosas, huían a mis miradas penetrantes, hasta que una linda chica me correspondió con una coqueta y pícara sonrisa.

Nunca había tenido que abordar a nadie. Mi experiencia femenina estaba desprovista sobre cómo tomar la iniciativa, yo había sido una mujer muy cómoda que nunca había dado el primer paso. Sin embargo, aquella chica era mucho más osada de lo que yo solía ser. Se acercó a mí con un cigarrillo apagado y con un atrevido ademán, deslizó su mano en mi bolsillo para tomar mi encendedor...

- ¿cómo te llamas...? - preguntó
- eh... Pit.... Mejor dejémoslo así.-
- ¿no tienes nombre? Bueno, yo soy Estrella.

Yo sabía que dentro de mí vivía Pitonizza. Pero mis ojos no se alejaban de los pezones de esa chica. "Pero yo no soy lesbiana" me convencía mientras espiaba dentro de su blusa...

- Vamos a mi casa. - Sugerí. Ahora que soy el macho, me toca arriesgarme. O cachetada o un buen orgasmo. La mirada de la hermosa Estrella me enloquecía... "no soy lesbiana" me seguía repitiendo para mis adentros. Ahora entendía la fascinación que los glúteos femeninos provocan en un hombre. Sentí nuevamente esa congestión. "No soy lesbiana", recordaba, mientras Estrella se acomodaba en mi sofá.

- ¿Quieres un trago?

Recordaba que los hombres solían caballerosamente emborracharme para poder desnudarme en mi anterior vida femenina.

- ¿Tienes cerveza? - contestó Estrella.

Oh, sí, los hombres tienen olfato para detectar una presa fácil. Entendí que era cuestión de un par de bielas para poder disfrutar esta aventura lesbo-esotéricca. Porque, soy mujer. Me creció un pene, pelo por doquier, mi voz es ronca y mido casi dos metros, pero soy mujer. Sin embargo, ¿qué hace mi mano en el muslo de Estrella? Ella reía de mis chistes ácidos, se acercaba peligrosamente. ¡Oh!, ¡nuevamente tengo una erección! Pero es mucho más intensa esta vez... De pronto, Estrella se ha puesto nostálgica, ha empezado a contarme la historia de su vida. Quiero que se calle... Le ofrezco otra cerveza. Ella continúa relatándome historias de su pasado que poco me importan. La callé con un genérico "él no supo valorarte Estrella". Recordé que esa era la frase pre-sexo que siempre funcionó conmigo. Recordé también que para callar a una mujer, hay que hablarle susurrando, con música romántica de fondo. Me levanté a poner un cd romántico. Pero estamos en casa de Pitonizza, quien es anti Arjona, Montaner y Sanz... ¡Aleluya! Un cd olvidado de Juan Fernando Velasco de mi mejor amiga, al rescate. Lo puse. Mis oídos de hombre lo oían más repulsivo de lo que mis oídos femeninos recordaran. Pero Estrella se puso más accesible, y pude besarla. Pero, NO SOY LESBIANA. ¿Por qué lo disfruto? Ahora era un hombre. Me atraía su suavidad, su olor a flores dulces, sus labios sedosos, pero sobretodo, esas regias tetas mucho mayores que las que yo tuve mientras fui mujer. A esas alturas del beso, yo siendo chica, ya estaría bastante mojada. Ahora que soy macho, estaba duro como el acero. Quise comprobar la humedad de Estrella... Mmm... ella dispuesta se abría ante mí. La novel testosterona presente en mí, me llevó a hacer gala de mi fuerza bruta, y la levanté hasta llevarla a la cama.

De pronto recordé. Mi dormitorio es muy femenino... duermo con un perro de peluche, y en el velador está mi vibrador y mis tampones... Con la hembra al hombro no me importó, "soy macho", me recordaba... "si no, no podría con esta mujer".

La penumbra de la habitación fue cómplice para ocultar todas las cosas de niña que ahí habían. Lancé a Estrella sobre la cama. "Soy mujer..." Alguien gritaba dentro de mí... Pero, ¿por qué tengo esta verga parada pugnando por lastimar a Estrella? Tratando de recordar como actúa un macho en estas circunstancias, empecé a desvestirla. Ella temblaba, poniéndome los nervios de punta. "Soy macho". Me repetía nuevamente. Ella deslizó sus manos y encontrando mi novilisimo pene, lo llevó a sus labios. "Pero, soy mujer...". Mi lucha interna parecía no detenerse, al igual que Estrella, que tomaba mi pene con una mano mientras que con la otra jugaba con los extraños vellos de mis pectorales. ¿Cómo debía penetrarla? La verdad es que siendo mujer, la labor de amor puede tornarse muy sencilla. Pero, siendo hombre, qué hago. Por momentos, Estrella se detenía, como esperando alguna acción de mi parte. Me limitaba a acercar su cabeza a mi cuerpo, recordando sesiones en las que yo fui actriz principal.

Ya era momento de estrenarme como varón. Tenía que introducírselo. Ella se ubicó de tal manera que fue muy delicioso sentir la sensación de hundirme en ella. Activamente cabalgué, aparentemente por horas, hasta sentir la explosión eyaculatoria que me dejó rendido. Me dormí en el acto. Ella se acurrucó hacia mí y, abrazando mi pecho, también se durmió.

Al despertar, no sé horas o minutos después, me vi espantada, desnuda con esa mujer en mi cama. Mis tetas habían regresado, mi pene había desaparecido, nuevamente era la suave Pitonizza. Pero estaba desnuda con una mujer. "¿Qué hice? ¡No soy lesbiana!" Verla ya no me causó excitación, me dió hasta un poco de asco. Era muy linda, pero ¡es mujer, como yo..!

Suavemente me escurrí de la cama, ocultándome en el baño. ¿Qué pasó aquí? ¿Qué fumé ayer? ¿Hice el amor con una mujer pensando que yo era un hombre? ¿Y si se lo pregunto...? Esperé a Estrella en la sala. Cuando ella me vió, en mi cuerpo de mujer, ya no reconocí esa lascivia, ese deseo. Extrañada me pregunta por el hombre de la casa. Ella no sabía que yo había sido ese hombre.

El resto de la historia se diluye en historias inventadas, él es mi hermano, tuvo que salir, yo le doy tu mensaje... ya ándate, no me gustan las mujeres.

¿Qué fue lo que pasó? Me convertí ciertamente en hombre por un día para entender su urgencia por el sexo, sus inevitables miradas a las caderas de mujer, sus palabras de amor, todo sea por penetrar a la chica de turno... O en realidad hay una lesbiana que vive en mí que pugna por salir... No lo creo, Estrella le causó indigestión a Pitonizza. Sin embargo, mientras fui macho, fue un banquete.

¿Sueño, ficción, efecto residual... ?

PS. Me encanta ser mujer y disfrutar del buen macho. Con este cuento quise ponerme en su lugar, chicos. Difícil pensar como hombre. Comerme una mujer me es igual de apetecible que comer papel sin sal.