Haciendo el amor con Pitonizza

martes, 5 de febrero de 2008

 

Creo haber dado la imagen de ser una mujer promiscua.. una cualquiera, calenturienta, arrecha... ¡qué lejos de la verdad! Soy de las románticas que no pueden estar con todos los hombres que conoce. Estoy enamorada, solo puedo hacer el amor con aquel hombre que tanto amo. Y si él no quiere, pues, no lo obligo.

Cuando hacíamos el amor, miles de estrellas nacían en el firmamento. Sus besos hacían florecer en mí una eterna primavera. Sus besos... ¡cómo olvidar sus besos si fueron ellos los que resucitaron mi alma! Sus besos sabían a gloria, eran catapulta que me transportaba a paises fantásticos, al cerrar mis ojos y sentirme acariciada por sus labios, todo recobraba sentido. Sus besos, preludio de horas y horas de amor apasionado.

Poco a poco él retiraba mis vestidos. Empezaba acariciándome sobre la ropa, sus manos recorrian mi cintura y se internaban en mi pecho, buscaban mis senos que reaccionaban ante su tibio tacto. Sin darme cuenta, toda mi ropa ahora estaba en el piso, solo mi panty cubre ese triángulo minúsculo, prohibido, reservado tan solo para él... me encantaba mirar su pecho varonil densamente poblado de vellos, su mirada dulcemente libidinosa, sus manos acomodándose en mis curvas y aristas. Como dama en sacrificio, horizontal sobre la cama, esperaba ansiosa lo qué él haría de mi cuerpo... diestro me acariciaba, sabía cómo, cuándo y cómo tocarme. Mis pantys se deslizaban por mis muslos, él lo hacía despacio.. a esas alturas la inundación es inminente, incontrolable. Mis piernas se separan dándole la bienvenida, mas él espera que me derrita aún más... solía juguetear conmigo, me bebía gota a gota, cada milimetro de mi fue acariciado por su traviesa lengua, arrancandome gemidos llenos de lujuria.

Hasta que entraba en mí. Mi cuerpo lo apretaba, queriendo adueñarme de su falo. Lo abrasaban mis brazos en brasas, así eran nuestros abrazos. Su vaiven me elevaba al cielo, cerca de Dios. Yo depositaba en sus oídos mis suspiros, mis juramentos de no acostarme con nadie que borrara su hombría de mi interior. ¡No podría! Él lo sabe...

Y mientras ascendíamos juntos probando distintas posturas, mirándonos desde distintos puntos de vista, grabando en nuestras retinas esos ardientes momentos, moldeada con sus manos, haciendo su voluntad, sometida a sus deseos, entregada por completo... hasta que alcanzabamos simultáneamente el clímax, cima escarpada desde donde se ve el mundo pequeñito, allí arriba, tocando el cielo, llegué con él mientras me amaba.

Así hacíamos el amor. Ese recuerdo me tortura, pues temo haberlo hastiado de mi. Estoy seca y temerosa. Lo asfixió tanto amor. Él no da señales de vida... temo no quiera volverme a hacer el amor. Ese es mi mayor miedo. Que él ya no quiera volverle a hacer el amor a su adorada Pitonizza, que siempre, siempre lo esperará, desnuda, desprovista de disfraces, jurando haber aprendido de los errores. Aceptando el castigo o consecuencia. Esperando reencontrarnos para volver a hacernos el amor.