Espasmos sagrados

domingo, 3 de febrero de 2008

 

Anoche la tensión sexual se me hizo insoportable. Te fui infiel. Donde antes tus labios me recorrían a besos, fueron otras manos las que me acariciaban... mis propias manos. Por largos minutos imaginé tu embestida, por momentos suave, por momentos salvaje, esa cadencia que me hace hervir. Tu voz siempre fue el combustible que encendía mi deseo, tú, ajeno a la conscupicencia que producía tu presencia al otro lado del teléfono.

Cuando me introduje tímidamente en mí, sentí esa humedad que tanto te gusta sorber, recreando tus caricias te imaginé poseyéndome. Al cerrar los ojos podía ver tus ojos mirándome gozar. Sentí tus manos aferradas a mis caderas. Tu calor. Tu olor. Tus besos suaves. La invasión de tu lengua por ahí.. Hasta que un fuerte orgasmo me dejó rendida, de tanto amar tu recuerdo. Abrazando la almohada, me quedé dormida pensando en ti...

Iré... espérame, no soporto más tiempo alejada de tu sombra.