Ámame en la oscuridad

lunes, 7 de enero de 2008

 

Dejemos la habitación en la más cerrada oscuridad... allí guarecidos, busquémonos frenéticamente. Busca mi ondulante y aún vestido cuerpo, y ve liberándome de mis ataduras, primero quítame la blusa, yo a su vez hago lo propio con tu camisa, encontrándome con la textura de tu pecho, debes intentar liberarme de mi brasiere, difícil tarea hacerlo a ciegas, desatar la prisión que oculta mis turgentes senos, mi corazón late aceleradamente y se impacienta por que consigas por fin sacarme el sostén de encaje negro que me retiene. Tus manos se impacientan también, así que deberás volcar las copas de mi sostén para encontrarte con mis ansiosos y rosados pezones, que esperan por ser saboreados largamente, haciéndome vibrar. Sin sensaciones visuales, se multiplican las demás sensaciones, siento tu varonil aroma, tu barba rasposita acariciándome inesperadamente. Desesperados, nos iremos despojando de las prendas que aún nos cubren, tus dedos se detienen en el minúsculo hilo que está ya embebido de placer, acaricia mi intimidad tan delicadamente como sueles hacerlo, siente mis gemidos ahogados por un beso. Mis pestañas acarician suavemente tus sienes.. Siento tu dulce aliento, tu respiración se agita, mi lengua juega con los lóbulos de tus orejas, mordisqueo tu cuello, me dirijo hacia el sur, lentamente, me detengo a besar cada centímetro cuadrado de tu pecho que me enloquece, tus manos entretanto suben y bajan por mi espalda que se enrosca ante tus caricias.... sin vernos, siento que hallaste el punto más sensible de todo mi cuerpo, juegas, lames, muerdes, gozas y me haces gritar de gozo a mi también, mmm, es tan inesperado, retrocedes, te hundes en mi ombligo, regresas, degustas de mi nectar, gota a gota, mi vientre hierve... acomodados ya numéricamente, encuentro golosa tu masculinidad, sin dejar de saborear un solo punto.... mmm, como me gusta sentirte dentro de mí, comerte literalmente, amor traducido a lujuria, siento tu respiración entrecortada, tus manos acarician el interior de mis muslos. Una palabra lasciva te pide irrumpas ya en mí, de una vez, hazme tuya, poséeme, aferrada a tu cuello, entierro mis uñas por tu espada, sometida a tus deseos, fiera domésticada cumpliendo tu voluntad... Intercambiamos roles, ahora soy yo quién está al mando, impongo mi ritmo, te agarras de mis caderas, cabalgata que nos lleva, a la cima más escarpada, tierra prometida que nos espera al terminar. Quedará mi sabor en ti. Quedará tu semilla en mí. Penetrante olor a sexo cargando el ambiente. Un abrazo interminable. Y la luz de nuestros ojos mirándonos en la más cerrada oscuridad.