Capítulo 3: Mi hijo

martes, 29 de enero de 2008

 

Mi vida afectiva y sexual cambió violentamente cuando me enteré que estaba embarazada, en su momento fue una tragedia aunque ahora lo siento mas lejano. Toda madre ve a su hijo como el más hermoso, pero el mío es mucho más que todos, es un ángel; vino al mundo y desde entonces gran parte de mi vida gira entorno a él. Hace poco mi hijo cumplió dos años pero hace más de un año que le retiré el seno. Sufrimos juntos pero eso nos unió mas.

Cuido mucho de que mis senos mantengan el tamaño y la constitución perfecta, creo que son parte de mi belleza, han sido fuente de mi placer y espero que lo sigan siendo. Cuando era soltera me gustaba verlos en el espejo, mis pezones eran ligeramente mas pequeños que ahora, pero a pesar de que he dado de lactar no se ven caídos o flácidos.

Dar de lactar, de eso también quiero hablar hoy.

A los tres meses posteriores del parto, mi líbido empezó a subir notoriamente, mis partes sensibles se volverion aún más sensibles, por eso cuando hacía el amor con mi parejo me gustaba poner mis senos en su cara para que él los roze con su barbilla. Rozarme los pezones se me volvió un hábito instintivo, logrando que se pongan puntiagudos.

Y aquí es donde viene mi primera confesión. Estaba yo sola y perdida en mis pensamientos cuando David mi hijo empezó a llorar pidiendo su comida de media mañana. Lo levanté de su cuna pero al tomar su pequeña cabeza y acercarlo a mi pecho como siempre lo hacia tuve un flash comparativo como si fuera mi esposo a quien estaba acercando. Desabotoné mi blusa a la mitad y arreglé el sostén para sacar uno de mis senos, durante esos segundos sentía escalofríos por mi piel mientras la ropa me rozaba el cuerpo. Apunté el pezón pequeño y duro hacia la boca de mi hijo, cuando él lo agarró sentía que por dentro me quemaba, mientras más succionaba más ardía, mi piel se erizaba por completo. Aún faltando para que se termine la leche del un seno, corté la alimentación y me dispuse a sacar el otro, sintiendo exactamente lo mismo.

Me sentía algo sucia cuando el placer brotaba por mis poros mientras mi pequeño bebé se alimentaba dulcemente. Quize probar algo más y di un paso adelante, con ese calor latente acaricié mi ombligo y mis piernas, era una locura. Desabroche a la mitad el jean que llevaba puesto y con mi mano empecé a frotar mi entrepierna por encima del panty. Calculo que pasarían unos cinco minutos, mi bebé estaba casi satisfecho porque mamaba con lentitud, pero yo estaba ardiendo entera, con ganas de que mi parejo llegue pronto y termine la labor que yo empecé.

David se volvió a dormir a mi costado, mientras que yo sin guardar mis senos empecé a jugar con la otra mano que se liberó, pero ahora por debajo del panty. Era la primera vez que las yemas de mis dedos exploraban mi clítoris desde que estaba viviendo con mi parejo, me sentía más sucia y más exitada al mismo tiempo, pisando terrenos que nunca había conocido, proporcionándome placer infinito, entendiendo y conociendo mi cuerpo, y finalmente urgando mi orificio.

Después de otros tantos minutos llegó la explosión, como el disparo de un gran cañón, la sentí dentro, mientras mis dedos se embadurnaban de mis líquidos. Terminé agotada y relajada, aunque también cuestionada. No quería ver a mi hijo, porque tenía la sensación de haberlo usado, sin embargo no le había hecho ningún daño por lo que no había nada que temer.

Mi parejo llegó por la noche, como siempre cansado, yo que estaba conforme no insistí en que me ponga atención. Ese día aprendí a valerme sola, y quedé igual que mi hijo, muy satisfecha. Meses después supe la causa del cansancio de mi parejo, pero este post se alargaría y eso ya es otra historia que de seguro la confesaré.