Desasosiego

miércoles, 12 de diciembre de 2007

 

«Recuerdo cuando recostada de lado en la cama junto a ti, nos mirabamos
profundamente a los ojos... recuerdo esa paz, pues sentí que reconocía a quien
fue mi compañero en vidas pasadas... recuerdo cada matiz de tus iris verdosos,
cada grieta de las arrugillas que enmarcan tus ojos, cada poro de tu piel que me
aprendí de memoria esa tarde.

Recuerdas lo glorioso de los besos. La noche estrellada que fue testigo
en la terraza de tu casa. Los besos con los que recorriste mi columna vertebral.
Esos abrazos intensos que ofrendaban nuestras almas. Ninguno de esos recuerdos
se han diluído en mi memoria. El tiempo no logró erosionarlos. Los que pasaron
no dejaron huella... no sirvieron para sacarte del fondo de mi corazón.

Mi corazón dice NO. Mi cabeza dice NO. Pero la testarudez de mi alma
que adivina cuando duermes, cuando sientes frío, cuando estás hambriento, esa
necedad me empuja a cometer el error mas grande de mi vida, el suicidio llamada
matrimonio, con alguien a quien ni de lejos amaría como te amo a ti. Es estúpido
lo que voy a hacer, pero el miedo es poderoso, el fantasma de la soledad y la
certeza de mi juventud perdida me empujan a los brazos de ese otro que no se te
compara. Su único mérito es ser valiente y decidido.

Me quedaran los recuerdos. Las marcas de tus dedos en mis manos, del
sabor de tu saliva, el aroma de macho que encendía mi líbido, el eco de tus
parabrillas de amor en mis oídos, las ganas locas de correr donde quiera que
estes y cumplir tus egoístas y machistas condiciones.

El camino se me bifurca ahora. Por un lado, la seguridad de un futuro
estable, un hogar para mi hija, en terreno conocido, con un hombre por quien no
siento nada. Por el otro, sacrificar mi vida conocida por ser feliz a tu lado
donde me lleves, haciendo de tu recuerdo un constante presente.

Quiero que sea aquí. Pero como en tu universo, eres el sol, heliocéntrico
no vendrás... aquel retoño está sobre el amor que pueda sentir por ti, no es negociable...

Plan A, esperar, no puedo, es insoportable. Pero lo haria...
Plan B, lanzarme al vacio, mandar al diablo a mi novio, los planes, las expectativas
generales. Lanzarme a tus brazos...»


Asi siguió hablando sola, sus devaríos mentales la minaban lentamente... y a él, parecía no importarle dejarla en un desasosiego perpetuo.