Cuentos de desamor

domingo, 9 de diciembre de 2007

 

Contigo escuché las melodías más hermosas mientras hacíamos el amor, tú me llevaste a las alturas sublimes del gozo supremo que solo se siente cuando se ama. Tu pecho fue mi refugio donde me albergué, su calor derritió el gélido bloque que acorazaba mi corazón.

Vestirme con tus piernas rodeando mis caderas me dió tanta felicidad, tus manos rodeando mi cintura tatuaron mi piel, marcándola para siempre. Tu barba que creo sentir por las noches, crecida al descuido, rapando mis mejillas. Las travesuras que solías hacer en mi entrepierna, complaciéndome mientras detenías el tiempo...

Imagen tomada del Internet sin autorización. Si alguien se siente con derechos sobre ella, aviseme para retirarla.


Te regalé mis senos, te regalé mi alma, me volví puerto donde puedes encallar. Soy la flor que te espera... pero no por siempre, te espero hasta que llegue aquel hombre a quien le dije que sí... sí porque me aterra el frío invierno de la vejez solitaria que presiento. Sí, porque puede ser mi último tren, sí, porque él está demostrando ser un hombre osado que se atreve a cargar con el peso de mis huesos, que no se asusta con la idea de verme sin maquillaje, de soportar mis neurosis hormonales, de convivir con una demente que admite su locura y necesita atención constante.

Preferiría fueras tú, mi Dulcineo adorado, a quien quisiera abrazar toda la noche, todas las noches. Que seas tú, el que me hayas pedido matrimonio. No él... tú... mi Dulcineo. ¿Por qué no fuiste tú?

Ahora solo publicaré cuentos de desamor, porque el hombre que amo no se atreve a impedir mi última locura... Dulcineo, protagonista de los Cuentos de Amor y Sexo de Pitonizza...
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