Plenitud sexual, consejos para ellas

jueves, 25 de octubre de 2007

 

Recuerdo mis primeras correrías sexuales, joven, inexperta, rara vez sentí el sacudón de un buen climax. Yo estaba enamorada. Y con ese tonto pretexto hacía la voluntad de mi parejo. Él no se esforzaba en complacerme. Asi que, pronto le crecieron enormes cornamentas.

A los 25 años aproximadamente, llegué a sentir por primera vez satisfacción plena. El haber aceptado mi cuerpo también fue un factor importante para disfrutarlo más.

El día que engendré a mi hija, tuve un orgasmo esotérico vía tantra. Tenía 29 años. Recién entonces mi vida sexual se volvió casi ciento por ciento satisfactoria.

Piso la mitad de la tercera década de mi vida. Llevo 18 años de vida sexual activa, la cual apenas fue completamente divertida al pisar la treintena. El dejar de centrarme en "él" y pensar solo en mí, hizo la abismal diferencia.

Ejemplos de pensamientos centrados en "él"

- ¿le gustaré tan gorda (flaca)?
- ¿lo estaré haciendo bien?
- ¿seré mejor que su anterior mujer?
- ¿le gustará si le hago esto?
- ¿me creerá que alcancé el orgasmo?
- ¿me amará más si accedo a...? (hacer algo contra la voluntad)

Ese último error es el que más cometen las peladitas recién iniciadas, y las viejas que aún no se han sacudido. Hacer cualquier cosa que no quieras por miedo a que te dejen, por "amor" o cualquier otro motivo lesiona el autoestima. Hay cosas que yo no haría ni con el más perfecto príncipe azul. Cuando digo no, es no. Pero cuando tenía 19 o 23 era capaz de cualquier cosa por "amor".

El mejor sexo lo estoy viviendo ahora, a mis 34 años. Mi piel no está tan lozana como 18 años atrás, pero mis pechos persisten en su posición original, levantados con orgullo, cediendo a la gravedad. Mi vientre sigue plano, a pesar de haber llegado a tener 100 cm de contorno de cintura al término de mi embarazo. No soy una belleza clásica, pero he aceptado mis defectos y exploto mis atributos.

Pero no es mi cuerpo el que me ayuda a sentirme plena sexualmente. Es haberlo aceptado, conocido, estimulado y satisfecho, priorizando mi placer antes que el placer de mi parejo. Cero culpas. Ese es mi secreto.

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