Lo que sentí aquella noche...

viernes, 19 de octubre de 2007

 

Es más fácil escribirlo...
Es más fácil describirlo...
Esa cercanía que hace latir los corazones al unísono. Mis labios trémulos entreabiertos, respiraron tu aliento. Tenía miedo de echarlo a perder, no moví ni un músculo. Al menos no voluntariamente.
Aquella fibra cardíaca que tocó tu primer beso me conmovió.
Sin medir el tiempo, nos quedamos quietos, juntos mientras nuestras lenguas se reconocían.
Pasados unos minutos que para mí fueron siglos, la temperatura inevitablemente ascendió.
Mi blusa era un estorbo, mi brassiere, una jaula.
Apartaste de a poco esos obstáculos, abarcando mis pezones.
Mientras la gloria prometida se volvía real.
Y todo mi hemisferio sur se empezó a anegar.
Yo temblaba, sentí tu estremecimiento, como un niño permanentemente prendido a mi pecho. El tiempo debió detenerse.
Quise más.
- No
Bueno, lo acepto. Arreglamos nuestras ropas, cambiamos de tema. Fumemos otros tabacos, prendamos el aire acondicionado. Pronto, mi recurrente conversación me vuelve vulnerable, y proponiéndote domesticar a la tigresa herida que vive en mí, te volviste a acercar otro poco.
Besas mi cabeza, hueles mi cabello, desciendes a los lóbulos de mis orejas, besas mis ojos -cuánto tiempo que nadie había besado mis ojos- tocas imperceptiblemente mis labios, yo me aferro como gata en celo, esta vez no escaparas, tengo hambre, aliméntame, no sé qué ves en mi, tómame. Introdúcete en mi cuerpo como lo hiciste con mi alma, ven, húndete en mi humedad, juguemos a que el mundo no lo note jamás.
No sé qué escrúpulo te detiene: "no quiero ser igual a los demás". Jamás lo serías, no lo eres. En contraste con los demás, eres el mejor.
Aunque aún no entres en mi lecho, quedándote en la antesala, en los juegos, en aquel tobogán que hace paralizar el reloj.
No importa... Ya lo dije.
Ya sabes lo que sentí aquella noche.
Fue más fácil escribirlo...
Fue más fácil describirlo...