Un hombre, una mujer

martes, 18 de septiembre de 2007

 

Un hombre, una mujer. Se prende la chispa del deseo. Ella tiene la necesidad de sentirse querida
pòr lo menos un momento. El arde en deseos por su cuerpo frágil, delgado, sus piernas que
parecen extenderse hacia el infinito, sus senos que se ven lánguidos, hambrientos, tu vientre
pegado a la piel, esa piel que siempre se estremeció ante sus caricias pasajeras. Él, alto, con ojos
negros como la oscuridad más cerrada, cejas pobladas, barba siempre incipiente, pecho amplio y
velludo. Sus brazos la envolverán, su cuerpo la abrigará. Hace días se encontraron en la calle. Él
llamó su atención:

"Mujer"

Ella, absorta en la música que envolvía su atmósfera lo miró desdeñosa. Su corazón estaba
destrozado entonces. Pero le dio su número telefónico. Solo atinó a decir.

"Llámame"

Un mail más tarde él la llamó. Ella, en el trasnfondo de sus someras palabras le dijo:

"Llévame lejos, envuélveme de besos, quiero perder el sentido del tiempo... ven, acércate, muy cerca... asi... fundamos nuestras auras, confundamos nuestros cuerpos.
Quiero abrigar mi frío con tu cuerpo, quiero que conozcas el fondo de mi mar.Llega, no dejes inconclusa tu tarea... llévame muy lejos, muy alto.
No me siento igual que ayer...
Te vestí con sus ropas, llevame lejos, muy lejos...
Donde nadie nos reconozca..."

Así, el encuentro está pactado. Uno de estos días, se volverán a encontrar, como kármicamente
siempre lo han hecho. Desde el cono sur vienes a esta tierra cruzada por la línea equinoccial a
llenar mis vacios. Me enseñaste muchas cosas. Quiero tenerte cerca y jugar a que un hombre
puede amar a una mujer. Por lo menos por un momento que dura 4 horas, en un hotel cómplice,
como ayer. Como mañana.